Identidad

¿Identidad personal?

Frecuentemente asistimos con naturalidad a momentos, situaciones que encuentran como contexto, nuestro devenir como habitantes existentes y pertenecientes a  grupos que conforman comunidades y que llegan a constituir naciones, tan diferentes y con semejanzas más allá de lo que nuestras creencias parecen permitirnos aceptar. Es como si al nacer perdiéramos la capacidad de lo coincidente y empezáramos un camino de lo contradictorio y ambivalente.  Quizás, para algunos es común, olvidar la respuesta a la pregunta:

¿Qué hace de nosotros el “ser humanos”?.

Hoy puedo decir lamentablemente que la banalidad influye con tanta fuerza sobre muchos, que les deja prácticamente sin crítica; con muchas "opiniones", pero la mayoría banalizada e irreflexiva.

 

A usted como lector en este momento puede parecerle una visión dramática y fatalista de la concepción de la humanidad la que dejo planteada como introducción en este texto, por eso se impone que haga una argumentación y es desde aquí que tomaré como punto de partida, una formación psicológica compleja y que nos es afortunadamente inherente a todos y todas mientras compartamos este espacio de existencia material, llamado vida.

 

Hace solo un momento recién acabo de rebuscar información para edificar este texto que supuestamente debe referirse, a ese conjunto de características de una persona en particular y que suele quedar definido por los teóricos de diferentes ciencias como “Identidad Personal”.

 

Experimento la complejidad de la intención, la duda de lo ambiguo la carencia de lo exacto y representante de toda la dimensión que encierra esta característica.

 

Por más que he leído a diferentes expositores, continuo con la extraña sensación de lo incompleto.

¿Quizás ese es el estado actual y natural de este aspecto?

No obstante me arriesgare a dejar planteada una creencia que por suerte, solo es una creencia y no aspiro a que sea un hecho fáctico o teoría, sino simplemente una materialización de esas ideas que me surgen cuando me plantee esta interrogante.

 

Si bien se plantea que la identidad personal, está conformada por aquello que nos “define y diferencia de los demás” ( nombre, edad, sexo, características físicas, ocupación, gustos, intereses, creencias, sistema de valores, convicciones, actitudes) algunos autores prefieren definirla y cito a Carolina de la Torre que refiere: “cuando se habla de la identidad de un sujeto individual o colectivo, hacemos referencia a procesos que nos permiten asumir que ese sujeto en determinado momento y contexto, es  y tiene consciencia de ser el mismo y que esa conciencia de si se expresa (con mayor o menor elaboración) para diferenciarse de otros, identificarse con determinadas categorías, desarrollar sentimientos de pertenencia, mirarse reflexivamente y establecer narrativamente, su continuidad a través de transformaciones y cambios ”

 

Interesante la aportación de Marcela Lagarde quien dice que :…la identidad no se corresponde mecánicamente con los estereotipos. Cada persona reacciona de manera creativa al resolver su vida, y al resolverse, elabora los contenidos asignados a partir de su experiencia, su anhelos y sus deseos sobre si misma ...

 

Lo que sucede es que tengo la tendencia a ver las cosas desde la praxis y no con visión de experto. Así que al caminar por las calles y ver el ir y venir de personas sin permanecer indiferente a que son agentes transformadores de cambios en si mismos y en su entorno; se me hace necesario pretender incidir en la formación de consciencia acerca de esos ambientes de búsqueda constante de sensaciones que impacten sus retinas al ver, lo que suelo definir como “mis series” (refiriéndome a mis ideas). Es por eso que en esta ocasión la idea que ilustra estos párrafos, es lo resultante de un debate entre observación y anécdotas compartidas conmigo por el objeto de representación, ambas acciones las considero necesarias para hacer que la memoria de la existencia de su “identidad” transcienda a su tiempo de existencia.

 

Al pensar garantizo como mínimo, dejar plasmada una práctica de sus costumbres y al escuchar sus anécdotas y representarlas en estas frases, le devuelvo la apariencia de su estado o circunstancia pasada y además cambiante por naturaleza.

 

Pero me pregunté al vivir esta experiencia, como era posible que escapara a la acción de ambas definiciones y sobreviviera a su decisión de “ser” por una necesidad de “estar”. Imponiéndose como símbolo de resistencia al tiempo que le ha mellado y las personas que le han aportado motivos para el cambio. Las respuestas pueden ser sociológicas o poéticas. Pero no explicativas de esta metáfora de la realidad que todavía se vive allí en su mundo transparente e imaginativo, donde se impone ilustrado con humildad de mi parte, ese proceso doloroso de resistencia a la desaparición física y por consiguiente al olvido del sí mismo.

 

 

 

Sirva este texto como pretensión de homenaje a todos esos incalculables esfuerzos, que se viven en silencio por muchos, contra sus historias que le han sido aportadas a partir de la decisión de ser parte de algo, desde la discriminación o aceptación de tradiciones y costumbres que les obligan a plantearse:

¿cómo quiero ser y que quiero hacer?.

Naiker Román Céspedes.

 

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